domingo, 2 de diciembre de 2012

Aquellos Licenciosos Gustos

Un corazón, corazón en llamas,
herido de bala y al sol,
un corazón, corazón suicida,
que ya no resiste la lucha, el dolor.

Pero ese corazón no es el de un suicida,
no tiene la exquisitez estética de la decisión,
tiene demasiada realidad,
y todos bien sabemos lo irreal del arte,
o, más bien, de la mentalidad del arista,
quizá deba decir, del que dice serlo,
pues todos lo somos, pero ese no es el tema...

Tampoco la idea bien pensada de donde cortar,
simplemente piensa en huir del dolor,
y no, eso no está bien, no,
perder el toque artístico, el cuadro,
el último cuadro a presentar, representar,
no es la exaltación de una sensación,
al menos no necesariamente,
pero puede serlo, no lo limitemos,
retomando, que me pierdo, el suicida,
el suicida no escapa del dolor, de improviso,
si lo hace, lo hace tras desvariar por días,
quizá meses, tal vez años, incluso décadas,
pues es un arte, el último símbolo,
de que ocupaste un espacio,
que rellnaste un momento y un lugar,
que nadie más pudo ocupar...

Buenas Noches

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