Si quisiera escribir una despedida, ¿que diría?
hablaría, quizás de un romántico trágico,
o de una idea modelada para ser perfecta,
pero nunca llevada a cabo,
ah, sí, todo empezó con la luna,
así que debería terminar con ella,
que ha significado la luna en estos años.
Mientras caminaba por ahí, por acá, por allá,
miraba al cielo, como buen meteorólogo,
cosa que no soy, ni pretendo ser,
pero que a nadie le viene demás un intento,
por poco atinado que sea este,
en estas fechas tan frías del invierno,
te darás cuenta de eso por como ando vestido,
bueno, el punto al que quiero llegar es,
la luna estaba ahí, como todas las noches,
incluso cuando la miro y no la veo,
porque está tapada por las nubes,
porque la calle está llena de luces sobre-estimadas,
porque simplemente está, escondida de mis ojos,
me di cuenta que siempre fue mi guía,
el punto gris, acento si prefieres, en mis palabras,
sobre mis acciones, en mis sueños, mis anhelos,
por lúbricas que fueran todas esas ideas,
siempre estuvo en el horizonte de preferencias,
ahora, y como toda despedida que se precie de tal,
toca dejar en el aire la última pregunta,
la que le de sentido a todo lo anteriormente escrito,
¿me llorarás cuando muera?
¿me recordarás como santo?¿o seré otro simple extraño?
¿me recordarás siquiera?
hablaría, quizás de un romántico trágico,
o de una idea modelada para ser perfecta,
pero nunca llevada a cabo,
ah, sí, todo empezó con la luna,
así que debería terminar con ella,
que ha significado la luna en estos años.
Mientras caminaba por ahí, por acá, por allá,
miraba al cielo, como buen meteorólogo,
cosa que no soy, ni pretendo ser,
pero que a nadie le viene demás un intento,
por poco atinado que sea este,
en estas fechas tan frías del invierno,
te darás cuenta de eso por como ando vestido,
bueno, el punto al que quiero llegar es,
la luna estaba ahí, como todas las noches,
incluso cuando la miro y no la veo,
porque está tapada por las nubes,
porque la calle está llena de luces sobre-estimadas,
porque simplemente está, escondida de mis ojos,
me di cuenta que siempre fue mi guía,
el punto gris, acento si prefieres, en mis palabras,
sobre mis acciones, en mis sueños, mis anhelos,
por lúbricas que fueran todas esas ideas,
siempre estuvo en el horizonte de preferencias,
ahora, y como toda despedida que se precie de tal,
toca dejar en el aire la última pregunta,
la que le de sentido a todo lo anteriormente escrito,
¿me llorarás cuando muera?
¿me recordarás como santo?¿o seré otro simple extraño?
¿me recordarás siquiera?