Hemos de recordar, necesariamente, que todo tiene un final, tras todos estos años, sean muchos, pocos, largos o cortos, se acabará en algún momento la historia, esta historia, todas las historias. No creo en lo permanente de la permanencia. La mía llega a su fin con estas palabras, sin saber si el que se acaba es Nicolás, Santiago, o los que sean que soy, siendo todos y cada uno, o solo unos cuantos. La idea del fin es abrasiva, destroza y purifica todo, por eso me parece correcta en este momento, un instante de limpieza espiritual e incorpórea, relajarte en las manos de la nada, expandir la consciencia, romper las barreras físicas en su aspecto más metafórico, salir, volar, correr...
NO!, dejaré todo, me esconderé en un sótano, comeré ratones, despedazados con mis manos, beberé de la lluvia que se cuele por la rendija de mi ventana, alimentaré mi espíritu del silencio y las sombras que habite, quebraré a quien quiebre mi paz, y para no dejar huellas... dejaré al silencio, hacer su tarea, a la oscuridad apagar las huellas, al tiempo olvidar... como me olvido yo de la pervertida humanidad que dejo atrás....
Poder escribir adiós, es tan frío, tan libre, tan cálido, que, solo por esta tarde-noche-mañana-pasado, será crecer.
NO!, dejaré todo, me esconderé en un sótano, comeré ratones, despedazados con mis manos, beberé de la lluvia que se cuele por la rendija de mi ventana, alimentaré mi espíritu del silencio y las sombras que habite, quebraré a quien quiebre mi paz, y para no dejar huellas... dejaré al silencio, hacer su tarea, a la oscuridad apagar las huellas, al tiempo olvidar... como me olvido yo de la pervertida humanidad que dejo atrás....
Poder escribir adiós, es tan frío, tan libre, tan cálido, que, solo por esta tarde-noche-mañana-pasado, será crecer.
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