Te permito conocer esa parte mía que nadie puede, te entrego el pase libre, el subterfugio para que entres sin miedo por mis recónditos recovecos, solo te pido que quiebres algo, también, si quieres, que rayes las murallas, para poder tener marcas de tu pasada, para que más adelante me pueda dejar llevar por la nostalgia, basta con que me pienses para ser un recuerdo, solo recuérdeme y yo apareceré desde tus entrañas, como el más oculto de los demonios que habitan tu alma, o la más sombría tentación que ha desviado tu mirada. No te vayas, injusticia, no te vayas, me dejas con tanto legado y tú te vas sin algo que no sea un gracias. Es demasiado que dejas por tan poco que ganas, pero tú decisión está tomada, pero eso es futuro. Ahora, mientras alquilas un cuarto en mi corazón, echa bien la ojeada, repasa mis páginas, en un diario que encontrarás bajo la almohada, junto con unos cigarros y una chicharra, aprende el código para comprender la idea de una vida medio desinteresada, medio ganada, ganada entera, con lucro de besos sin amor, lucro de movimientos sin pasión, hasta que llegas tú a reconstruir, o quizá construir un corazón. No te preocupes por la comida y menos aun por la bebida, que cada día a cada llamada del timbre, campana o chicharra vendrá un sirviente con un poco de mi sangre mezclada con drogas, pero no temas, no es para que pierdas la conciencia, es solo para que sigas de mi embelesada, en mi interior intentado desenredar una idea enrevesada. Por favor, y en esto soy irretractable, cuida de poner la bala donde pones el ojo, de pasear con cuidado la lengua, a veces afilada, por las distintas llagas, que algunas se abrirán más, pero no te pido que dejes de hacerlo, para nada, de hecho, estoy seguro que algunas heridas quedarán cerradas por el paso de tus rasgos por mis alcobas. Violenta los espacios, pero con cuidado, rasga mis ataduras, que con eso yo podré romper las tuyas. Toma este escrito y déjalo al guardia leyéndolo, pues, si no cree que es la carta blanca que te prometí, al menos perderá su tiempo leyendo mientras tú sigues asaltando con permiso mi interior.
A todo esto, solo hay una entrada, mi boca, y una única cuota, un beso, que no es como el de las historias del diario, sino que este es lleno de todo el sentimiento que te puedo entregar al estar en tus brazos, belleza, en un don a la reciprocidad. Desde ese momento tú, y solo tú, podrás pasar a desenredarme, quererme, y si es tu elección, marcharte.
Esta es mi carta, este es mi adiós con invitación para que sea un "hasta pronto, nos vemos", Con Cariño...
Solo Santiago
No hay comentarios:
Publicar un comentario