El elocuente sonido del silencio
las sombras inquietas y la paz del ambiente
acusando el sutil toque de tus manos
implorando mantener el secreto.
La tenue llama del cirio recién encendido
recorta las ideas del cuerpo contra un muro,
mientras tus manos siguen viajando
el frío del aire se va atenuando en tus labios.
Tus rasgos apenas perceptibles llamando
dándole pequeños empujones a la memoria
exigiendo a un recuerdo el camino
para llegar al punto preciso
a pesar del patente miedo de tu mirada.
Movimientos que hacen caso omiso al temor
que hacen vibrar la inseguridad de la mente
exaltando los sentidos, dejándolos superlativos
y el secreto de la noche nos esconde a ambos.
Cualquier intento de expresión abstracta es fútil
solo debes dejarte llevar por las circunstancias
la inconsciencia nos hace fluir por las sensaciones
y la voz silente es puesta a prueba
el salvajismo de la situación amerita también paz.
Y todo queda guardado por la cera de la lamparilla
como único recuerdo de la lujuria de tus gestos
acompañados por la continuidad de los míos.
Para despedir la jornada un cigarrillo
y un beso en la boca, sin pensamientos
dejando un recuerdo espontaneo
un último legado plasmado
y un adiós perdido en los años...
Solo Santiago
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