El cortó una rosa,
de alguna casa de algún lugar,
siempre lugares cercanos,
la dejó al lado,
sonrió al verla marchita,
era el tercer día,
no había tierra ni concreto,
solo frío. hambre y sueño,
ni un céntimo, ni una palabra,
solo risa y esperanza,
ideas desdentadas,
con la rosa mancillada,
por sucia y triste mano,
más cálida de lo esperado,
recostado, sonriente,
para siempre, bajo un puente,
sin nombre ni mármol,
ojos curiosos aparecen,
y pierde su único territorio,
el espacio de su pálido rostro,
famélico, cansino,
y una flor que ahora solo es abono,
se va derechito, sin sueños y sin frío
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