Se compró una corona...
y partió...
lleno de frío por ser rey,
ocupando su espacio,
el misero reino,
oscuro, apagado,
de tacto terroso,
con soldados de barro,
con sueños suspirados,
melancólico y lúgubre,
alejado de cualquier mano,
plebeyos de días por medio,
vasallos de años bisiestos,
de vez en vez aparecen,
a dar cuenta entre llanto,
como les está yendo,
en el legado que les ha dejado,
"el centro de mis sonrisas,
el norte de mi cielo,
el sur... en el sur me quedo"
desde donde cuida el norte,
en eterna vigilia y descanso,
tan formales, tan de negro,
tanto silencio...
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