Recuerdo cuando éramos jóvenes, querida,
vos tenías algo, y yo daba todo por devorarlo
con el afán bestial de un adolescente controlado
pero nunca hablamos, solo las vistas cambiadas,
las miradas cruzadas sin ninguna finalidad,
el visto y no visto de la indiferencia del niño,
más tú eras la única displicente,
yo corroía ávido la posibilidad de tenerte.
Crecimos, velozmente, como los niños,
de golpe y porrazo las miradas cambiaron,
ya no era la mía tan ávida como antes,
y el tiempo hizo la tuya coqueta y soñadora,
se intercambiaban caricias cruzadas,
ahora tenías muchos algos y yo seguía mirando.
Y vos te volviste hermosa, preciosa, con los años,
más no tantos, los justos, los necesarios,
en la flor de la vida, tu sonrisa, perenne belleza
atrajiste tantos instantes que te llevaste el mío,
se lo diste a algún tipo, y tus ojos no estaban ya,
perdiéndome en los placeres corrientes del momento,
trémulas sonrisas simples y complejas,
seguía observando, a la distancia,
si suerte ni aprendizaje, solo paciencia.
Tú llegaste corriendo y gritando,
ya tantos instantes dados te sobrepasaron,
cuando volviste a cruzarme la mirada,
ya no había mirada que cruzar, solo ojos cegados,
escondidos, mancillados, de llanto perpetrado,
paciente, perdido en el salón, solo observando
sin mirar nada en específico, sin mi instante,
que tus ojos hace años habían prometido.
cuando solo la soledad me tiene comprometido.
vos tenías algo, y yo daba todo por devorarlo
con el afán bestial de un adolescente controlado
pero nunca hablamos, solo las vistas cambiadas,
las miradas cruzadas sin ninguna finalidad,
el visto y no visto de la indiferencia del niño,
más tú eras la única displicente,
yo corroía ávido la posibilidad de tenerte.
Crecimos, velozmente, como los niños,
de golpe y porrazo las miradas cambiaron,
ya no era la mía tan ávida como antes,
y el tiempo hizo la tuya coqueta y soñadora,
se intercambiaban caricias cruzadas,
ahora tenías muchos algos y yo seguía mirando.
Y vos te volviste hermosa, preciosa, con los años,
más no tantos, los justos, los necesarios,
en la flor de la vida, tu sonrisa, perenne belleza
atrajiste tantos instantes que te llevaste el mío,
se lo diste a algún tipo, y tus ojos no estaban ya,
perdiéndome en los placeres corrientes del momento,
trémulas sonrisas simples y complejas,
seguía observando, a la distancia,
si suerte ni aprendizaje, solo paciencia.
Tú llegaste corriendo y gritando,
ya tantos instantes dados te sobrepasaron,
cuando volviste a cruzarme la mirada,
ya no había mirada que cruzar, solo ojos cegados,
escondidos, mancillados, de llanto perpetrado,
paciente, perdido en el salón, solo observando
sin mirar nada en específico, sin mi instante,
que tus ojos hace años habían prometido.
cuando solo la soledad me tiene comprometido.
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