domingo, 17 de junio de 2012

Pancho

Tus viajes te tienen exhausto,
como a todos los que toman tu ruta,
el camino del viajero, del buscador,
pero al ver la ciudad te conmueves,
más allá de desfallecer el cuerpo,
algo dentro se remueve, despertando
su toque de imperfecta humanidad,
sus aromas y hedores,
el hálito impregnado de su pasado,
las marcas de su guerra con el tiempo,
cada espacio lleno de recuerdos,
entre el antiguo esplendor
y algo nuevo, sin nombre.

Un híbrido de pez y hombre,
con cinco siglos encima,
con el beso del mar en la frente,
escondiendo capa sobre capa,
la perpetua identidad oculta,
oculta como secreto a voces,
el artista entre sus pares,
poeta, con su voz de silencio,
que amarra sin preguntar,
quien sea que lo mire, que lo toca,
se pierde en la posibilidad de su mar,
Pancho querido, desde el océano te veo,
dándole luz al recuerdo añejo,
acompañado de un licor amargo,
con el calor del fuego a cuestas,
y el melancólico rocío por velo...

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