lunes, 11 de junio de 2012

Escrito 582

Tan espontáneo como el amor,
hermoso, profundo y profano,
claramente sin sentido aparente,
la explosión de sonrisas,
cada mirada más cómplice que la anterior,
cada vez que prueba su interior,
se saben, se conocen desde siempre,
profundamente inspirados,
melancólicamente observados,
insensiblemente amarrados,
lo cotidiano es hermoso...
por un instante, solo ese instante,
la íntima capacidad de adaptarse,
saborear la excelsitud de sus manos,
antes de blanquearlas a cloro,
la rutinaria rutina de saludo y despedida,
el beso veloz, y por veloz en es poco,
el corre a encallecer sus manos,
manos de hombre dignificado,
llegar sin hambre y con ganas,
ganas de correr calle abajo,
sin saber de nada,
nada de tener que comer el día a día,
del repetitivo ritual de sol y mañana
el café cargado, por la noche agitada,
con ganas, que sale el sol distinto hoy-día,
como han pasado los años, viejita,
te invito un tango, un trago una vueltita,
como cuando valía la pena vivir la vida,
sin tanta certeza que todo no servía...
quien pensaría que ese día no se erguiría...

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