jueves, 4 de abril de 2013

Vino Tinto y Especias

-Silencio, fondo burdeos, una silla y una mesa en el centro.
-Las calles y las plazas de nuestras ciudades guardan oscuros secretos, misteriosos como el roce del silencio en la tensión de un momento, pero conocidos, una oscuridad iluminada por los faroles de la lengua popular y las conversaciones de patio, que pululan por cada lugar en que tengan, en que se les abra el más mínimo espacio. Pero muchos olvidan que los secretos más oscuros, alejados de las penumbras para sumirse en las umbrías de la vergüenza, la desgracia y la deshonra, separados de la más leve iluminación, solo escuchados y sellados en el recuerdo de aquellos que se proponen mantener su propia desgracia oculta bajo sus ojos, donde la mirada no llega, ni la ajena perturba al gigante dormido de los placeres, del deseo de las noches de verano y de los escapes al frío del invierno, están presentes en la intimidad de una habitación, en el espacio nuclear de la vida diaria (aparecen un hombre y una mujer en el escenario, cada uno desde un lado) y aquel instante de soledad (uno pasa de largo, sale de escena) que amplía la oscuridad que guardan sus ojos a la posibilidad de hacer, el espacio propio se extiende hasta limites sospechados, pero innovadores.

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