Suena la lluvia golpeando la ventana,
demandante como ella sola,
las pocas veces que aparece en esta zona,
y entre sus golpes se escucha el lamento,
la triste sinfonía de una voz del recuerdo,
la nostalgia que llega desde el cielo,
recuerdo el preciso momento de la caída,
cuando fundidos con el cariño que bastaba,
perdidos entre las pocas palabras restantes,
esas que quedaban antes de cerrar la puerta,
con definitiva y resuelta tristeza, antes,
cuando aún nos profesábamos sonrisas,
¿Quién sabría entonces que serían,
tal como fueron, las últimas?
¿Tú ya estabas preparada para,
según comprendo, despedirme de tu lado?
¿O fui yo quien, en una maniobra inesperada,
llevó a nuestro barco a inseguras mareas,
hasta caer en la más oscura posibilidad,
y a encallar nosotros con él?
Ahora ya pasado el tiempo, perdido
puedo, con la cabeza fría, pensar y notar,
que da igual, siempre dio igual,
nada es para siempre, ni tú ni yo
menos un nosotros...
demandante como ella sola,
las pocas veces que aparece en esta zona,
y entre sus golpes se escucha el lamento,
la triste sinfonía de una voz del recuerdo,
la nostalgia que llega desde el cielo,
recuerdo el preciso momento de la caída,
cuando fundidos con el cariño que bastaba,
perdidos entre las pocas palabras restantes,
esas que quedaban antes de cerrar la puerta,
con definitiva y resuelta tristeza, antes,
cuando aún nos profesábamos sonrisas,
¿Quién sabría entonces que serían,
tal como fueron, las últimas?
¿Tú ya estabas preparada para,
según comprendo, despedirme de tu lado?
¿O fui yo quien, en una maniobra inesperada,
llevó a nuestro barco a inseguras mareas,
hasta caer en la más oscura posibilidad,
y a encallar nosotros con él?
Ahora ya pasado el tiempo, perdido
puedo, con la cabeza fría, pensar y notar,
que da igual, siempre dio igual,
nada es para siempre, ni tú ni yo
menos un nosotros...
Y es el rocío que queda
ResponderEliminarsobre el pasto que aún baila,
con la hermosa melodía de la luna
y es el sonido que llega,
hasta mis oídos,
una dulce y serena melancolía,
es aquella briza de otoño
que hoy,
en este triste pero armonioso día de lluvia
añoro con mis pesares,
es el llanto de un pequeño fragmento...
Esa gota de rocío, que juega
sobre la hoja ya marchita...
es lo que quedó de mi,
en la inmensidad del vacío,
sin saber caer, sin saber quedarse
ahí, detenida en el tiempo.
Y la luna baila un vals
junto a mi llanto, que hoy,
entrego a usted,
oh mi buen acompañante,
esperando no hacer de mi presencia
una interrupción en su,
continua y quizás ya rutinaria tarea...
El día a día...