lunes, 3 de octubre de 2011

Miradas clandestinas

Es la mujer más peligrosa que he conocido,
el amor a su belleza era solo comparable
al cuidado que había que tener con ella entera
capaz de abrir barreras con sus labios
ya sea con besos, serpentinos halagos
o un movimiento de esgrima "errado",

Pero esta no es su historia,
es solo un momento, coincidente conmigo
con mi entrada en una vida alocada,
amalgamada entre el misterio y la esperanza,
los tintes pasajeros de lo que sería un momento,
coincidente conmigo sacó su daga,
la clavo en mi pecho, en un momento,
coincidente con mi mano tomando su cintura
desesperado, complacido saqué la daga,
pasó por ella su lengua un momento,
coincidente con el corte vertical que hice,
seccionando su lengua, raspando su cuello,
separando los botones de la blusa,
y su lengua que sangraba,
su voz quebrada aullando de placer real,
no fingido, como al que tan acostumbrada estaba
en manos de hombres que no sabían destruirla,
de mujeres que entendían la sutileza del rose,
del corte hecho en penumbras,
sin querer, queriendo, separando
dejando la estela del recorrido ligero,
que mi mano ahora enseñaba, ensangrentado,
el pecho izquierdo de una mujer eterna,
patentando la caída de tantos hombres,
dejando el dudoso haber de los registros,
furtivos recuerdos de algún hombre muerto,
perdido entre tantos inconclusos besos,
que nacían en la pasión de un instante,
alejado de la realidad, tan real, tan inestable.
que se acabó, tan rápido como lo escribo,
mientras ella, debajo de la mesa,
se dedicaba a estorbar mi capacidad,
la forma en que los dedos tiemblan,
y mi cabeza, laxa cae sobre la...

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