El pobre tonto suicida, triste, soñador,
se quedó sin sueño, sin esperanza, sin razón,
su estar se dejó así, simplemente, estar
vendió su casa, su moto y lo que poseía
se compró con el dinero muchas flores
las encargó para un funeral que pronto sería
y entonces, en mitad de la calle, se disparó,
lo llevaron a una iglesia, lo velaron y nadie fue,
simplemente se mantuvo en la muerte también solo,
cuando lo enterraron, no hubo discurso,
no hubo llantos ni amigos, solo el viento
la celosa muerte, la mujer señora de sombras,
su voz fue la única que habló ese día
y no sonó triste, por el contrario, alegría...
el punto extraño que tuvo ese funeral
dentro de su normal toque poco común
fueron las flores, las que pidió para su entierro,
quedó entonces, solo un viento, lento
el que traía olor a cementerio, llegó a todos lados
y un suicida más para el otro mundo,
ya no quedan vestigios entre tantos nombres
de cada valiente, de cada cobarde,
solo ese olor en el viento a flores del entierro.
Santiago Oyarzún
No hay comentarios:
Publicar un comentario