Cuéntame el secreto de tus ojos,
pero no me digas nada,
dame el calor de tus abrazos,
pero no me toques ni te acerques
Bésame sin besarme,
acaríciame sin poner un dedo sobre mi
Mátame tan indirectamente como tu estancia
Átame solo con una soga inexistente
Sé, y tengo bien sabido que igual me amas
-Fragmento de un Erotónomo
y entonces....
Ella es la más bella señorita que miran sus ojos (de él). Él, un pobre escritor con sueños de amor y libertad. Una tarde, gracias al azar y a una serie de malos (o, quizás, buenos) entendidos, el destino los cruza. Él la enamora con su poesía ( que para otros es mera y trivial cursilería), ella lo hechiza con la luz que irradian sus ojos (con su hermosa voz, su deseo de libertad). Vuelan. Pero todo se termina abruptamente, ella debe cumplir con el destino que le tiene predispuesto un alguien sobre ella, él sufre esta decisión que los supera a ambos, por arma el simple y puro amor, las básicas palabras de profundidad inconmensurable, nada de valor en oposición al grande poder del que los separa, entonces se besan, ella corre, se intenta escapar del cruel futuro que le espera, mientras corre se da vuelta, le envía un beso con la mano y entonces, de la nada, le llega un disparo por la espalda, que para el poeta es una estocada. Muere con un tiro en sus costillas y un te amo en los labios, muere peleando, muere después de haber vivido solo un instante, pero vivido, de vivir, de sonreír, de ser feliz...
Cuanto profesa ahora su amor en mil poemas, en mil canciones, cuanto se pierde a si mismo entre ideas y motivos pasados, nunca volverá a ser el mismo, pero siempre la llevará en una ventana abierta en su corazón, el sufrimiento le hará llorar, mas la vida le hará regresar, Él tiene historias que contar, gritar, desgarrar. A pesar que el tiempo y la edad borró su rostro y su nombre, nunca olvidó a la mujer, a la chica, a su "ella" ...
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