viernes, 4 de octubre de 2013

Quizá Irónicamente

No sé bien si decir "irónicamente" al comienzo de este mensaje, por lo que lo obviaré. Comienza. Nunca me sentí tan vivo como cuando morí, cuando estaba vivo, es decir, mientras moría, me sentía normalmente apesadumbrado (claro, desde el momento en que pude decir sin pausas palabras de más de tres sílabas, teniendo más sonidos no vocales y pude pronunciar "apesadumbrado") por la forma en que era todo, tan poco libre (aquí es donde dudas si la libertad se puede cuantificar), tan vacío en los sentidos que, según nos dicen, son los más importantes, con un bombardeo importante de información al respecto en escritos, conversaciones coloquiales y canciones varias, sin contar otras muchas formas de conocer un poco más acerca del tema. El amor, la alegría de vivir, la libertad, seguir estos sentimientos, como una posibilidad eterna de probable concreción, y otros de un calibre parecido son el mensaje eterno entregado por los medios de comunicación, pero siempre viví en la duda de si acaso realmente se potenciaba esta búsqueda desde algún punto, además de la mera información que te hace pensar que tienes que buscarlo, mientras los otros aspectos varios de esta vida te van coartando las posibilidades de buscarlos, hasta cerrar la mente en una pecera que perfectamente podría representar el océano completo para un pez que no lo conoce, siendo, aun, demasiado pequeña para que tuviese espacio la libertad inconmensurable de este personaje incompleto que siempre me sentí, distante, distinto y diferente, una libertad inexpresable, pues la expresión busca ser entendida, y su entendimiento implica un código, el cual hará perder la libertad a la libertad, delimitándola a las posibilidades de un conjunto de palabras ordenadas, de letras legibles e inteligibles, perdiendo sentido la imaginación y cerrándose en sí mismo, como un ser que se alimenta de su carnes (o de lo que componga su entidad, ya sea etérea o vida concreta).

miércoles, 24 de julio de 2013

La Verdadera Despedida

¿Sentiste alguna vez perder todo el deseo,
todo el gusto, toda la necesidad,
solo por un recuerdo?

Tenía ganas de perder la cabeza,
enviar volando lo que tengo,
correr en dirección al sol,
cuando de repente,
y sin previo aviso,
se cruza una foto tuya.

Algo en mi interior se revuelve,
se siente destrozado y débil,
como puede solo una foto,
un simple pedazo de papel,
con tintas combinadas,
destruir mi normalidad,
hacer dudar de mi identidad,
de quien he llegado a ser,
de mis decisiones,
cada una de las elecciones.

Todo lo que me has dejado,
son sensaciones,
en particular,
la presión en el pecho,
el estómago revuelto,
y un olor indefinido en la nariz.

Ya ni imágenes he almacenado,
no recuerdo un rostro,
no asocio sabor,
quizá ni formas quedan,
solo esas sensaciones.

La gente siempre se va,
no siempre vuelve,
no por eso me siento más solo,
uno se acostumbra,
nada es para siempre,
probablemente el que te fueras
el que fueses,
el saber que existes,
y sigues existiendo,
en otra persona,
en el mismo cuerpo,
puede acabar de golpe con todo,
absolutamente todo lo que he hecho.

Te has vuelto un ser indefinido,
o tal vez siempre lo fuiste.

¿De qué vale ganar,
si al final perderás?

Asumo esto como ese final. Adiós.
(Tanto daría para que lo leyeras
tanto y más)

jueves, 27 de junio de 2013

Buenas Noches

Si quisiera escribir una despedida, ¿que diría?
hablaría, quizás de un romántico trágico,
o de una idea modelada para ser perfecta,
pero nunca llevada a cabo,
ah, sí, todo empezó con la luna,
así que debería terminar con ella,
que ha significado la luna en estos años.

Mientras caminaba por ahí, por acá, por allá,
miraba al cielo, como buen meteorólogo,
cosa que no soy, ni pretendo ser,
pero que a nadie le viene demás un intento,
por poco atinado que sea este,
en estas fechas tan frías del invierno,
te darás cuenta de eso por como ando vestido,
bueno, el punto al que quiero llegar es,
la luna estaba ahí, como todas las noches,
incluso cuando la miro y no la veo,
porque está tapada por las nubes,
porque la calle está llena de luces sobre-estimadas,
porque simplemente está, escondida de mis ojos,
me di cuenta que siempre fue mi guía,
el punto gris, acento si prefieres, en mis palabras,
sobre mis acciones, en mis sueños, mis anhelos,
por lúbricas que fueran todas esas ideas,
siempre estuvo en el horizonte de preferencias,
ahora, y como toda despedida que se precie de tal,
toca dejar en el aire la última pregunta,
la que le de sentido a todo lo anteriormente escrito,
¿me llorarás cuando muera?
¿me recordarás como santo?¿o seré otro simple extraño?
¿me recordarás siquiera?

lunes, 17 de junio de 2013

Pierdes el Tiempo Conmigo

Si pudiera elegir entre tu persona y volar,
definitivamente volaría,
si eso es malo, lo siento,
no te escojo, porque no tiene sentido,
no serás, ni eres, ni fuiste mía,
no te poseeré,
y más posible es perderte,
sin haberte tenido,
que tenerte y perderte,
volar en cambio es más profundo y más fácil
y si quieres, en algún momento,
mientras se te de la oportunidad,
puedas venir a volar conmigo,
sin ser mía, por supuesto,
siendo tangible e improbable,
y especialmente transitoria,
sin pertenecerme más que el sueño,
aquel que ahora mismo no recuerdo,
por tanto y por cierto, sea dicho,
la decisión sería complicada, aunque clara,
y después de tomada notaría su motivo,
entonces se tuya y solo tuya,
que yo seré mío y del viento.

martes, 11 de junio de 2013

Carta de Despedida.

Me enseñaste a coleccionar las estampillas de cartas como esta, que nunca serán leídas por destinatario alguno, se quedan siendo del remitente por falta de esperanza, por no creer en sí mismo, cuando remitente y destinatario se funden en uno, por miedo, por sueño.
Me enseñaste a coleccionar las estampillas de cartas miedosas, escondidas de la vista, perdidas del sol, inconclusas por temer los finales y las despedidas, finalizadas en puntos suspensivos alargados por la tinta, hasta acabar en una linea desigual e indecisa, entrecortada, zigzagueante.
Me enseñaste a coleccionar las estampillas de cartas que no tuvieron un principio, solo comienzan con un saludo vacilante, que a lo largo de las otras cartas va desapareciendo como la huella del día en la extensión de la noche, obviando cortesías y llegando del amor al odio, que espera como bestia acechante, afilando sus garras contra el papel, descargando, gota a gota, el grito inmortal de la desesperación.
Me enseñaste a coleccionar las estampillas de cartas que jamás enviaría, que nunca escribí, deseando decirte lo que siento por ti, guardando en secreto las falsas esperanzas de quererte y que lo sepas, de buscar conquistarte sin decir nada, sin hacer nada. No lo sabes... hasta ahora.

domingo, 9 de junio de 2013

Aquellos ojos tristes.
que me miran,
como pidiendo perdón,
la muda redención,
en silencio,
esos ojos que nunca están,
que fueron y no serán,
todo está, de alguna manera,
está, precisamente acá,
en una reunión,
comparando tristezas,
eligiendo culpas,
suavizando momentos,
hinchados,
los ojos, las manos,
¿por qué lloras?,
qué culpa tiene la mesa,
golpeas, en silencio,
golpes sordos, mudos,
nada está claro,
todo sobre la mesa,
esperando,
aguardando su momento,
paciencia infinita.