martes, 11 de junio de 2013

Carta de Despedida.

Me enseñaste a coleccionar las estampillas de cartas como esta, que nunca serán leídas por destinatario alguno, se quedan siendo del remitente por falta de esperanza, por no creer en sí mismo, cuando remitente y destinatario se funden en uno, por miedo, por sueño.
Me enseñaste a coleccionar las estampillas de cartas miedosas, escondidas de la vista, perdidas del sol, inconclusas por temer los finales y las despedidas, finalizadas en puntos suspensivos alargados por la tinta, hasta acabar en una linea desigual e indecisa, entrecortada, zigzagueante.
Me enseñaste a coleccionar las estampillas de cartas que no tuvieron un principio, solo comienzan con un saludo vacilante, que a lo largo de las otras cartas va desapareciendo como la huella del día en la extensión de la noche, obviando cortesías y llegando del amor al odio, que espera como bestia acechante, afilando sus garras contra el papel, descargando, gota a gota, el grito inmortal de la desesperación.
Me enseñaste a coleccionar las estampillas de cartas que jamás enviaría, que nunca escribí, deseando decirte lo que siento por ti, guardando en secreto las falsas esperanzas de quererte y que lo sepas, de buscar conquistarte sin decir nada, sin hacer nada. No lo sabes... hasta ahora.

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