Sollozar un hasta nunca,
aquel hasta nunca honesto,
sabiendo que es el último,
tiendo la certeza que es el último,
totalmente seguro que es el último,
para verla al otro día,
sentada en el espacio de siempre,
con el cabello desgreñado,
como todos los días,
cada mañana, de ese día,
en ese lugar, a esa hora,
como el calco de un momento,
tan conocido como esperado,
irremediable en su reproducción,
sino fuese por la mirada,
sombría en todo su esplendor,
que en el intercambio demuestra,
que más sino desconcierto,
de no saberme que decir, que hacer,
saludando con el simple hola,
despidiendo de la mano del hasta luego,
darse cuenta de la profundidad,
de la potencia del hasta nunca,
un hasta nunca honesto,
un recuerdo eterno,
otra búsqueda que empieza...
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